A cuartos sin encajar goles

A cuartos sin encajar goles

Por Lázaro Candal

Impresionante amigos, más que nunca. Por vez primera en la historia del fútbol venezolano, un seleccionado nacional, la Sub 20 que está participando en el Mundial de Fútbol en Corea del Sur, acaba de derrotar a Japón por uno a cero y, por lo tanto, se clasifica para los cuartos de final pero, con el enorme respaldo, de hacerlo sin encajar goles. Y anotando once. Mamaíta querida.
Y es que sus resultados fueron de dos a cero a Alemania, siete a Venautu, uno a México y uno también a Japón, es decir, once goles a favor y cero goles en contra, lo que establece un récord enorme en la historia de nuestro fútbol que nunca jamás habíamos logrado. De esta manera, o de esta forma, cualquiera de las dos es una clara justificación meritoria de nuestros chamos de la Vinotinto, nos metemos dentro de los ocho mejores equipos del mundo en la categoría Sub 20.
La madre que me ha de parir, a donde ha llegado nuestro fútbol, a donde nos lo han llevado estos chamitos, heredando aquel fútbol derramado de lágrimas y de derrotas, pero lleno de una enorme vergüenza, dignidad y aplomo de aquellos que tuvieron la valentía de honrarlo y proyectarlo para que, esa misma dignidad, estas nuevas generaciones hayan sabido justificar y por eso mismo, honrar a los que tanto hemos luchado para sacar y arrebatar del drama de las derrotas a nuestra querida Vinotinto. Ahí no más, Tomás.
Claro, para vencer a Japón, hemos tenido que recurrir a la prórroga. Pero era natural, ante la transcendencia del juego y, más que nada, que los japoneses salieron a no perder más que a ganar. El partido siempre se lo llevó por delante el cuadro venezolano, con mayores ocasiones de juego y de dominio. Siempre fue el cuadro de Dudamel el que mandaba en el terreno de juego. El que iniciaba, el que controlaba y el que concluía la jugada en busca del gol.
Es verdad que no lo lograron, hasta gracias al tremendo y espectacular remate de cabeza de Herrera, ¡qué golazo, la madre que me parió! Pero es que también hay que tener en cuenta que los japoneses se dedicaron todo el tiempo a defender. No se pararon, ni un rato, a adorar el sol porque no lo había, claro, pero también se aprovecharon para defender siempre su área, la grande y la pequeña, olvidándose por lo tanto de buscar el cuadro contrario. Y cuando lo intentaban se encontraban con una defensa extraordinaria, pues el sistema defensivo y el medio campo venezolano fueron determinantes para mandar y, aunque el sol se hubiera asomado, tampoco se lo dejarían ver a los japoneses.
Así pues, hermanos, Venezuela sigue viva, veremos ahora quién nos tocará en estos cuartos, pero desde luego, cualquiera que sea, más allá del nombre de Venezuela, tal como se conocía a nuestro seleccionado nacional de fútbol, con quién se encontrarán será con un seleccionado que ha superado todas las barreras o mejor dicho, los muros, esa tan ingrata frase, que puso a valer un presidente de un país muy poderoso, por el país no por él. Y es que ese once, el mismo número de jugadores que defiende a un equipo cuando entra a jugar, de goles a favor y ese tremendo huevo que se sostiene milagrosamente sobre sí mismo, denunciando a un cero, no es tan sólo un milagro es también una evidencia de respeto y calidad a un fútbol defensivo que se ha sabido manejar de forma arrolladoramente y magistralmente de manera maravillosa.
 Y no te olvides, Venezuela, como decía el gran Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía.”
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