U-RU-GUA-YO

U-RU-GUA-YO

luis-suarez

Por Lázaro Candal

De esa forma y, por años, así los aclamaban miles de voces en la Argentina, a los grandes futbolistas uruguayos que destacaban en sus torneos ligueros, defendiendo a cualesquiera equipos, por fama, prestigio o jerarquía. Lo importante era el jugador charrúa. Era una manera de justificar su admiración, cariño y simpatía por su fútbol, por su calidad, por su entrega, pero sobre todo por ser uruguayo.

Durante mis años de vivencia en mi amada Venezuela, tuve una tremenda identificación con los uruguayos. Incluso como gerente del Galicia, aquel equipo profesional que más veces participó en la Copa Libertadores. Y es que mientras el D. Italia entraba a la cancha con nueve brasileños y dos venezolanos, por eso el crack venezolano, Luis Mendoza sostenía con ironía y razón que los futbolistas venezolanos eran extranjeros en el fútbol de su tierra, el Galicia trataba de meter algún criollo más reforzado por uruguayos.

También el D. Portugués se llenaba de brasileños, mientras el Valencia y el Estudiantes de Mérida recurría a los argentinos. Sin embargo en el Galicia recurríamos, particularmente su gerente, un servidor de ustedes, prefería uruguayos. Y, claro, algo debían tener en su fútbol y en su rendimiento porque si no ganaban los títulos como primeros se contentaban como subcampeones. Eso sí cuando nos medíamos con nuestros rivales podrían decir que los brasileños jugaban mejor, pero los que ganaban eran los uruguayos De eso se trataba. Lo lindo era cuando no se dudaba de quién jugaba mejor para ganar sino de quién triunfaba por mayores y mejores merecimientos.

Esto fue provocando en mi mentalidad futbolera como una cierta simpatía de respeto y admiración hacia el fútbol uruguayo, más allá de quién pudiera sacarle mejor provecho, a la que se podría considerar la mejor personalidad futbolística en su identificación universal con el fútbol, teniendo siempre en cuenta lo que para el fútbol mundial representaron los tres mosqueteros argentinos: Di Stéfano, Maradona y Messi y los brasileños, Pelé, Garrincha y Neymar. Además de que mundialmente siempre habrá de tenerse en cuenta que Brasil ganó cinco títulos en los Mundiales, mientras Argentina y Uruguay dos cada uno.

Pero sin tener en cuenta estas, que podrían ser posverdades, también muchos finos y grandísimos futbolistas los parió Uruguay: Obdulio Varela, Piendebene, Nasazzi, Schiaffino, lo que no desvirtúa para nada su glorificación futbolística. Ustedes tendrán razón al considerar o pensar a que viene todo este jolgorio futbolero de grandeza y equilibrio futbolístico. Y viene, precisamente para rendirle pleitesía, respeto y admiración a un futbolista uruguayo, Luis Suárez, que no solamente está demostrando el temple, casta, nobleza, entrega, coraje, calidad, fútbol, que lleva dentro, sino lo que representa mundialmente para su país. En estos momentos, que tanto se habla de monstruos futbolísticos con el número nueve a la espalda, les puedo asegurar que no hay en el mundo un número nueve como el uruguayo Luis Suárez. Y, por si les pudiera quedar alguna duda solamente el brasileño, Nazario Ronaldo, podría considerarse superior, más que nada por la influencia enorme de sus títulos mundiales y su liderazgo goleador en ellos-

Por lo demás, lo bien que se identifica con Neymar y Messi, formando el mejor tridente que haya existido en la historia del fútbol, denuncia la enorme calidad de Suárez. Y no se diga que sea por la grandeza de sus dos compañeros. No, nada de eso, porque si en lugar de ser el uruguayo fuera el Cristiano Ronaldo del Madrid, nada que ver, porque el egoísmo del portugués no encaja en la humildad, modestia y sencillez de los tres latinos y mucho menos para entregarse por sus dos compañeros, con fútbol, goles y hombría como lo hace el charrúa con Messi y Neymar. Algo prodigioso. Único. Que creo, será muy difícil que se vuelva a repetir, por eso es tan hermoso e interesante disfrutarlos ahora.

Si acaso me quedara algo pendiente, cuidado; es por eso que, es bueno señalarles que si vieron el juego de la Copa del Rey, entre el Atlético de Madrid y el Barcelona y vieron el gol de Luis Suárez, eso fue una joya. Dejó a cuatro rivales a quince metros del área, que lo rodeaban locos. Luego que se deshizo de los cuatro, se enfrentó a dos más que lo esperaban de frente, y también con una limpieza y personalidad inmensa, dejó a los dos, asombrados. Y cuando entró al área y vio que el arquero le tapaba su derecha, lo engaña y acariciando la pelota, la envía mansamente por la izquierda y entra, dicen, los que estaban detrás del marco, cantando : ¡U-RU-GUA-YO!

¡Qué lindo!

uruguay

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