A confesión de partes pues relevo de pruebas

A confesión de partes

pues relevo de pruebas

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Creo que así es, o me imagino, debe ser así. Es cuando uno escribe algo que no gusta a alguno, como si gusta a otros muchos, es la ventaja. Pero, curiosamente, en esa confesión de partes creo que uno tiene derecho al consabido relevo de pruebas. Y es que en mi anterior Carabullo, al parecer hubo algún lector al que no le gustó lo que escribí lo que, indudablemente, es una razón más que sobrada para respetarlo o respetarlos, porque están en todos sus derechos y respeto, para que tengan la debida necesidad de manifestarlo y, por eso mismo, respetarlo con toda mi honorabilidad y sobre todo por lo que tiene de derecho a respetar la opinión adversa.

Claro, ocurre, también, que en su verbo de respuesta se le escapa o escapan, no me acuerdo si es uno o dos, que le tengo odio tanto a Cristiano Ronaldo como al Real Madrid. Y, la verdad, queridos amigos, esa palabra, lo pueden creer, no va conmigo. Y no va conmigo porque no la entiendo, ni mucho menos la uso, ni nunca la usé, ni mucho menos la usaré. Es muy fea, además de ridícula. Debe ser horrible usarla, sobre todo para los que la conocen.

El caso es que nace, al parecer, porque está relacionado con un jugador de fútbol portugués y con el equipo que defiende y que, por lo tanto eso los induce a creer que todo lo hago por favorecer a los culés. Más allá, desde luego que, consideran que les tengo, al jugador y al equipo, esa frase tan fea que sostienen en lo que parece su respuesta. Algo que, se lo confieso, con toda sinceridad y afecto que, al jugador lo único que no le tengo, es simpatía, ni admiración ni tampoco afecto. Le tengo gran respeto a su fútbol de alto nivel, pero inferior a los monstruos que ya conozco.

Puedo decir que sí, que algo le tengo y eso que le tengo es lástima. Y es que no comprendo como un futbolista puede ser tan arrogante, tan creído, tan egoísta, en un deporte como el fútbol que es tan colectivo y tan de todos para todos, tal como lo proyectó Alfredo Di Stefano. Además de creérselo él mismo y tenerlo que confesar:”Soy bello, millonario y el mejor”. La madre que me parió, hasta donde llega el no va más. Un tipo que lo quiere todo para él y nada para los demás. Ser portugués es sinónimo de honestidad, honradez, sencillez, modestia, humildad. Mis nietos, de origen portugués, no lo resisten. Eso como persona. Como futbolista sólo juega para él y además obliga a que todo el equipo funcione fundamentalmente para distribuirle el juego y las jugadas de gol, incluidos saques de esquina, penales, faltas: todo.

En cuanto al equipo, siempre lo fue, más que el Barcelona, mi equipo favorito. Hace poco escribí un artículo: “La grandeza del Real Madrid”, en el que lo explicaba todo. Ahora, lo que no entiendo es que ese periodismo madrileño efervescente, entienda que en España solamente exista un equipo de fútbol, cuando existe otro, como es el Barsa que en estos últimos años asombró al mundo del fútbol. Y, con todo y eso, ahí están criticando sus éxitos y de su principal estrella bajo el patrocinio de un denominador común de un mundo del fútbol podrido, tanto dirigencia como periodismo, tal como se puso de manifiesto con la FIFA, preñada de irregularidades.

Dice Vargas Llosa “En la literatura siempre encontré la verdad de las mentiras” y claro esto también me ayudó a entender que “siempre encontré en el fútbol las mentiras de las verdades”. Y muchas además. Con la gran ventaja que siempre tuve de entender esas verdades y esas mentiras. Por eso tengo la gran suerte de mantenerme siempre al margen de los mentirosos y los que viven para aprovecharse del fútbol, tanto diligencia como periodismo. Llevo 65 años escribiendo de fútbol, metido en este deporte hasta las entrañas. Inmoralidades inmensas y gracias a Dios y a la educación que me dieron mis queridos viejos, pude enfrentarse con valentía a los intereses bastardos de los que siempre quieren sacar provecho de aquello que decía Antonio Machado: “Por falta de fantasía hasta la verdad se inventa”.

Lo único que cobré y cobro del fútbol es la emoción que siento al verlo, escribirlo y comentarlo por la satisfacción que esto me produce. Lo pueden creer, este es mi salario, fue siempre mi salario, escribir y comentarlo defendiendo la verdad de lo que veo y siento, claro sin pensar, indudablemente, en que con ello pueda molestar a nadie y, sí por casualidad así fuera, no sería porque me quisiera aprovechar sino, en todo caso, porque pueda equivocarme a la hora de personalizar mis gustos o apetencias futbolísticas, siempre con el denominador común de que como también decía Machado: “Los ojos que tú ves/no son ojos porque tú los veas;/ son ojos porque te ven.”

LÁZARO CANDAL

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