La grandeza del Madrid

La grandeza del Madrid

Real Madrid

Sin la menor duda de que la grandeza del Real Madrid, ni se rifa, ni se esconde ni tampoco se regala. Nace del alma, de sus entrañas, de su historia, de su tradición, de ser un equipo nacido en el barrio, criado, mimado y admirado en su Chamartín bendito, al que tanto cautivó y formó parte Santiago Bernabéu, jugador del club, capitán y posteriormente presidente, hasta convertirse en una leyenda como dirigente y un ejemplo a seguir por la honorabilidad de su gigantesca trayectoria.

Tengo la enorme suerte de hacerlo conocido, y más todavía, de haberme invitado a almorzar con un enorme y largo plus café en el que tantas cosas me contó de su historia y su proceder, de sus amigos, algunos gallegos y de lo que le simpatizaba América Latina, concretamente Cuba por ser su madre cubana.

De aquel Real Madrid tengo hermosos y gratos recuerdos para considerarlo mi equipo preferido en simpatía, luego del Deportivo. Pero es que aquel cuadro merengue era un tesoro, nada que ver con este que navega con un periodismo que le hace más daño que beneficio con sus incalificables posturas pelotilleras, más hijas de un marcado interés que de una espontánea reacción de sinceridad de respeto a su juego y a su conducta.

Por eso hoy, cuando veo esos excesos chocantes de individuos creídos y pedantes, de considerarse con sus comentarios, dueños de esa imagen blanca de pureza deportiva honorable y respetuosa de su hinchada, se me atragantan las bilis al ver tanta arrogancia y mentira, hasta llevarla situaciones tan desproporcionadas y ridículas como aquél que se viste de payaso, y que me perdone este noble y profesional maestro de la simpatía.

Por eso me alegra tanto que, al margen de esas actitudes el club siga siendo lo que un día me señaló Santiago Bernabéu: “Nació para ganar con sufrimiento”. Y de eso se hizo un mandamiento, ese mismo que pregonan hoy tanto los que se quieren aprovechar de ese rasgo tan ejemplar, único y maravilloso de convertir en victorias, aparentes derrotas en segundos de juego. Y fue siempre así. Así, porque así lo recordamos. Sus figuras de ayer ya lo hacían con sus grandes éxitos: Di Stéfano, Puskas, Kopa, Muñoz, Santamaría, Gento, Gordillo, Camacho, Rial, de aquí, de allá y de todas partes. Ese era el lema del Madrid.

Ser grandes significaba morir por el triunfo hasta el último segundo, precisamente el mayor segundo glorioso de la divisa blanca que hoy, desde luego, hace temblar de emoción a seguidores  y rivales, que se ha convertido en su estoque definitivo de consagración futbolística para darle esa patente de equipo imbatible, hasta el último segundo. Una norma consagratoria, nacida en el propio terreno de los acontecimientos, para demostrarle al mundo del fútbol que su primer mandamiento de sacrificio por el triunfo es más importante, todavía, que el nombre de las figuras que lo defienden, por ser ellas las primeras en respetar y defender ese hermoso color blanco que tanto honra a su divisa. Esa es la grandeza del Madrid.

LÁZARO CANDAL

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